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Nueva directora de la Guardia Civil
19/01/2020

Nueva directora de la Guardia Civil

Hija de un farero humilde con otros 10 hijos, María Gámez es el mejor ejemplo de cómo la educación puede ser el más potente ascensor social: un benefactor anónimo le sufragó los estudios, y ella agradeció el detalle convirtiéndose en funcionaria de carrera. No paró ahí. Fue la primera mujer en ocupar la Subdelegación del Gobierno en Málaga, y ahora, volverá a romper techos de cristal con su nombramiento como directora general de la Guardia Civil en sustitución de Félix Azón, según la propuesta que el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, llevará este viernes al Consejo de Ministros tras consensuar su nombre con el Ministerio de Defensa.

Gámez (Sanlúcar de BarramedaCádiz, 1969) no es ajena a la Guardia Civil; no en vano en el último año y medio ha tenido que fajarse con los ajustes de cuentas del narcotráfico y organizaciones criminales internacionales en la provincia, víctimas mortales incluidas. Pero sin lugar a dudas, el momento en el que más cerca estuvo de los agentes fue hace justo un año, cuando le tocó la difícil papeleta de coordinar los trabajos de rescate en Totalán de Julen, el pequeño de dos años y medio atrapado en un pozo a 71 metros de profundidad. Su gestión entonces le valió numerosos apoyos y una enorme proyección mediática, aunque la dejó tocada en el plano personal y no pudo esconder las lágrimas tras el rescate del cadáver después de 13 días de enorme tensión.

La que está llamada a ser la primera mujer al frente de la Guardia Civil es la pequeña de 11 hermanos, y aunque nació a orillas del Guadalquivir, se crió en Estepona. Nunca oculta sus orígenes humildes, a veces tirando de ironía, como cuando recordaba que "aunque procedían de un ambiente tradicional", sus padres "decían que no podían ser conservadores porque no tenían nada que conservar". Todos echaban una mano para completar el salario del padre, desde hacer camas en hoteles a cuidar a los hijos de los veraneantes.

El misterioso filántropo

Su espinita clavada es no haber podido conocer aún la identidad del misterioso filántropo, padre de una alumna en el colegio de La Sagrada Familia en Málaga capital, que tras conocer a través de las monjas la escasez de recursos de la familia, le pagó los estudios hasta terminar el Bachillerato.

Luego, con tesón y capacidad, llegarían las becas para terminar la carrera de Derecho, con sobresalientes pero a base de apuntes porque el trabajo para ayudar en casa era incompatible con la asistencia a clase. Desde ese momento, Gámez ha pasado por casi todos los puestos en las administraciones públicas regionales y locales: fue funcionaria en la Oficina del Defensor del Pueblo y en varias consejerías (Asuntos Sociales, Turismo, Salud), y en el 2004 se convirtió en delegada provincial de Innovación. Un área, el de las nuevas tecnologías, que le fascina especialmente. Se sentía socialista, pero no fue hasta el 2004 cuando se afilió al PSOE.

Firme militante feminista, a la que fastidiaba enormemente el escrutinio en algunas reuniones simplemente por ser mujer, y devota confesa de CamarónBruce Springsteen y Nina Simone (le puso su nombre a su hija), en el 2008 se convirtió en delegada del Gobierno de la Junta en Málaga, cargo que abandonaría dos años después para convertirse en candidata para disputar la alcaldía de la ciudad al sempiterno Francisco de la Torre (PP). Tras dos derrotas, abandonó la vida municipal para centrarse en sus tres hijos, pero el gusanillo de la política seguía dentro, y en el 2017 aceptó la propuesta de convertirse en el faro del Gobierno central en Málaga.

Fuente: elperiodico.com / Julia Camacho

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